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La Biblioteca responde

Kiraya
   

Después de la experiencia con los libros infantiles: mi sugerencia, la respuesta.

No solucionábamos el problema en realidad, ya que los libros siguen en la sala infantil. Puedo sacarlos de allí, porque les digo que lo necesito, que no es infantil y que la directora respondió a una sugerencia dándome permiso; pero ¿y los demás?

La mayoría de la gente no se molesta en tratar de mejorar los servicios, no sugiere, no se queja, y para cuando pretende actuar, en su cabeza ya solo cabe la reclamación o el pleito.

Las cosas hay que decirlas. Y si no se dicen, uno no sabe que el libro de la biblioeteca infantil no le está del todo vetado.

Y llegamos al día de hoy.

Una de las claves de determinación de plantas vasculares más utilizadas, al menos por los alumnos de Botánica de la Facultade de Ciencias de A Coruña, no es propio de una biblioteca que no sea universitaria.

Hace meses descubrí que esta mi biblioteca estatal sí disponía de tan técnico libro, pero también descubrí que estaba limitado a la sala de lectura.

Un libro como este no puede estar así encerrado, porque entonces es un libro muerto. Este libro cobra vida en el manoseo, en la suciedad de tierra, de restos de plantas, de bichos aplastados, de lluvia... Es un libro para salir al campo, para ser leído in situ; sus páginas tienen que estar corriendo hacia adelante y hacia atrás, una y otra vez. Es una guía de campo.

Así que, ya hace tiempo, empecé por comentarlo a los bibliotecarios, y me indicaron que los libros de la sala de lectura podían salir de la biblioteca los fines de semana (anda, como en el tercer grado). Pero las plantas no esperan a que tengas un fin de semana libre, en el que el libro esté disponible y en el que puedas ir a recogerlas; siguen sus ciclos sin importarles tu tiempo ni la reclusión del libro.

Así que hoy, por fin, me decidí a dejar una nueva sugerencia... y hoy fue diferente.

En recepción me sugirieron que hablase directamente con la directora en lugar de hacer por escrito la sugerencia, y así lo hice, porque mi intención no es que el ministerio correspondiente sepa que la biblioteca tiene los libros mal organizados, sino poner, efectivamente, cada libro en su lugar, y, claro, poder disponer de mis claves.

Así que allá voy, a los espacios "prohibidos" de la biblioteca y conozco a la señora directora, que después de hablar conmigo, arrancó las cadenas del libro -una pegatina donde versa "NO SE PRESTA" (y en negrita, para que no lo ignoremos)- y mandó destinarlo a la sala de préstamo (de adultos, claro).

Por eso hoy, que no es fin de semana ni lunes festivo, tengo en mi poder al libro que fue presidiario, libre de sus ataduras.

Un pequeño paso en la mejora de los servicios, el comienzo de la liberación de todos esos libros de campo condenados a pasar sus días intactos o restringidos al fin de semana.

LIBERTAD PARA LOS LIBROS!!

Saludos!

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